miércoles, 15 de febrero de 2012

CONFLICTOS PERSONALES E INTERPERSONALES


Conflictos Personales
Nacemos en una familia. Crecemos en ella. Llegamos a la adolescencia y empezamos a vernos como seres independientes de nuestros padres. Construimos así nuestra estructura de la personalidad, nuestra visión de nosotros mismos. Con ella salimos al mundo y empezamos a relacionarnos, como adultos, con los demás.
Ese proceso de crecimiento, no siempre ha sido fácil. A veces, hemos tenido que atravesar por circunstancias difíciles que hemos resuelto de la mejor forma posible. Muchas veces, a costa de reprimir, ocultar o ignorar una parte de nosotros mismos. Estas partes desconocidas, que quedan fuera de la conciencia, las rechazamos luego cuando las vemos en los demás. Entonces, nos enfrentamos a ellos sin saber que en realidad nos estamos enfrentando a una parte de nosotros mismos.
En otras ocasiones, hemos incorporado los criterios de los demás sin cuestionarnos su idoneidad. O nos hemos visto obligados a asumir determinadas consignas familiares, porque en ese momento, no teníamos recursos suficientes para oponernos a ellas. Incorporamos así una forma de mirar la realidad, olvidándonos que no fue la que nosotros elegimos, sino la que nos vimos obligados a acatar. Luego, continuamos mirando a los demás y a nosotros mismos sin tener en cuenta lo que percibimos realmente, sino sólo lo que creemos que debemos de percibir. Nos planteamos metas ideales y nos olvidamos de la realidad.
Cuando no pudimos enfrentarnos a alguien injusto o más poderoso que nosotros, y además no teníamos la madurez suficiente para poder tomar nuestras propias decisiones, nos quedamos atrapados en la rabia y la impotencia. En aquellas limitadas circunstancias, tal vez sólo pudimos expresarlas contra nosotros mismos. Aprendimos a hacer esto y, pasado el tiempo, en contextos semejantes, es probable que lo sigamos haciendo sin valorar la nueva situación.
A veces, realidades inasumibles vividas en el entorno familiar, nos llevaron a desconectarnos de nosotros mismos, con el fin de no sentir el dolor. Esta forma de huida del sufrimiento se convierte en el resorte que se activa cada vez que valoramos una situación como amenazante. Nos desensibilizamos así del dolor y de este modo, nos privamos de la capacidad de reconocerlo y de elegir relaciones que no nos dañen.
El deseo insatisfecho de cariño, de amor incondicional de los padres, nos llevó a una sensación de carencia que, pasado el tiempo, continúa en espera de que sea satisfecha. Exigimos que otras personas del presente llenen esa carencia del pasado, y si no lo hacen, expresamos contra ellos la frustración y la rabia que, en su día, no pudimos expresar a quienes originaron esa carencia.
Todas estas son algunas de las formas con las que vivimos la vida del presente teñida con los hábitos aprendidos en el pasado. Seguimos poniendo la misma visión sobre personas diferentes. Revivimos las frustraciones, carencias o rencores del pasado en situaciones semejantes que ocurren en el presente, sin darnos cuenta de que están protagonizadas por personas diferentes a las que nos dejaron esa huella que continúa interfiriendo en nuestra vida sin que lo sepamos.
Todo esto afecta a nuestra capacidad de relacionarnos adecuadamente con las situaciones del presente. Nos impide apartarnos de quien nos daña, y darnos cuenta del daño que nosotros ocasionamos a los demás. Nos mantiene desconectados de nuestro proceso autorregulador, de nuestras necesidades y recursos. Vivimos así una vida irreal, orientada hacia deseos inalcanzables, que nos produce frustración, rabia, miedo, resentimiento, envidia, ansiedad, depresión…
Estos son los síntomas emocionales con los que el organismo nos avisa de que algo no va bien. Sin embargo, el problema no son los síntomas, sino lo que los origina. Atacar a los síntomas es eliminar las señales que el organismo utiliza para comunicarse con la conciencia. Los síntomas no son el origen de la insatisfacción, sino el producto de una serie de circunstancias que han estado sucediendo en nuestra vida sin que fuéramos conscientes de ello. Es ahí donde es necesario que llegue la luz de la conciencia.
Lo importante no es lo que nos pasó, sino las repercusiones que eso continúa teniendo en nuestra vida presente. El pasado no se puede cambiar, pero ser conscientes de cómo los asuntos inacabados aún permanecen abiertos, nos permite resolverlos en el presente y liberarnos para siempre de ellos.
Poner más conciencia en lo que somos, en qué, cómo y para qué actuamos en nuestra vida, en descubrir nuestras formas automáticas de funcionamiento, nos permite empezar a separar lo que fue de lo que es, las heridas de los que nos hirieron, e iniciar así el camino de la sanación.
Las heridas emocionales que tanto nos dolieron en el pasado, podemos empezar a vivirlas con más conciencia en el presente. De este modo, por mucho que nos dañaran en el pasado, ahora podemos descubrir nuestros recursos internos para poder afrontar el sufrimiento, acogerlo, integrarlo y sanarlo. Es el paso previo para recuperar la capacidad de amar, perdonar y poder vivir con más armonía y bienestar.

 

CONFLICTOS INTERPERSONALES
Los conflictos interpersonales son aquellos conflictos que tenemos con otras personas por falta de sociabilidad, empatía o escasa inteligencia emocional. Los conflictos interpersonales suelen ser debidos a uno mismo y su falta de Inteligencia interpersonal. A continuación vamos a analizar y explicar los típicos conflictos interpersonales que dan lugar, porqué ocurren y en alguna ocasión también te enseñamos como superar estos conflictos interpersonales.
Conflictos Interpersonales: por incapacidad empática
Este es de los conflictos más típicos y habituales de los conflictos interpersonales. ¿Nunca te has encontrado con un borde o alguien cabreado? A parte de ser mala persona de por si o ser un “cantamañanas” es decir, alguien que se queja de todo y de todos es porque esa persona tiene escasa capacidad empática.
La gente normal cuando interactúa con otras personas solo con verles, por su tono de voz… se relaja y se muestra agradable y simpático porque empatiza con las personas, se pone en su lugar y rápidamente ven que no tienen que pagar su mal humor con ellos. Tienen una inteligencia empática que les hace comprender esto.
En cambio la gente que atiende al público desde hace años muchos suelen inmunizarse empáticamente pasando olímpicamente de los sentimientos de las personas debido a que su estado interno de agobio y estrés es tan interno que ignoran casi al completo el exterior y los sentimientos ajenos. Encontrarse con este tipo de “atención al público” es desesperante porque parece que te atienda un robot y más desesperante es cuando te encuentras estos anti-empáticos en el médico. Te suenan las frases monótonas y sin emoción de: “póngase aquí, coja número” , se lo dicen igual a un pack de cd’s que a una persona con un brazo herido y que muestra síntomas de dolor.
Los otros que muestran conflictos interpersonales por falta de empatía son las personas egoístas que son así simplemente porque no se saben poner en el lugar de los demás. Solo se ven a si mismos como el centro del universo y no harán nada que no les incumba a ellos, pueden ser altamente fríos y se muestran incómodos ante las emociones empáticas.
La gente no se alegra ante un éxito ajeno por culpa de la falta de empatía, no porque no quiera. Si tú cuentas los éxitos que estás teniendo es probable que te ganes algunos enemigos pero no por tu culpa, sino por su falta de empatía que es tan grave en determinadas personas que lejos de identificarse contigo y alegrarse por ti lo que hacen es comparar tu éxito con el suyo (el suyo es nulo obviamente) y eso hace que se sientan mal e incluso agredidos por ti. Todo esto es culpa de no haber desarrollado su capacidad empática y haberse centrado en todo lo contrario: el egoísmo.
Una cosa debes tener clara, el egoísmo solo te creara conflictos interpersonales y jamás de los jamases te solucionará ningún conflicto interpersonal a no ser que sea un caso muy excepcional.
Conflictos Interpersonales: por falta de Inteligencia emocional
Cuando una persona ha experimentado poco sus emociones en público es muy reticente a mostrarlas y se siente violento cuando hay emociones que le provocan incomodidad. Estas emociones pueden ser la pena, el amor…  Cualquier situación un poco emocional estresará a este tipo de personas. La solución es sencilla pero hay que ponerse, intentar mostrar tus sentimientos  cuando estás conversando con personas.
La mayoría de las veces en las que una persona se vuelve reacia a experimentar sus emociones en público es porque anteriormente, muy probablemente en la infancia, lo hicieron y los resultados fueron nefastos o por el contrario se vio involucrado en situaciones con carga emocional que les resultó muy incómoda. Por ejemplo; salir a la pizarra y que todo el mundo se riera de lo que hizo pudo hacer que asociara emociones en público a algo que no hay que mostrar. Y de hecho, sobretodo entre los hombres, hay una muy mala idea generalizada de que no es bueno mostrarse débil en público y cuando nos referimos a débil nos referimos a las emociones dado que los hombres asocian mostrarse débil a mostrarse emocional.
¿Qué ocurre entonces cuando alguien tiene problemas para mostrar sus emociones en público? Que eso le genera muchos conflictos interpersonales debido a que no será capaz de crear conexiones emocionales con las personas por culpa de su vergüenza emocional, es imprescindible romper esa barrera.
Otro conflicto ocurre cuando las personas no dominan sus emociones ya sea las propias o la de los demás. Si queremos no tener conflictos interpersonales y ser unos maestros interpersonales debemos sin duda desarrollar mucho nuestra capacidad emocional tanto propia como ajena.
Para eso te recomendamos nuestro súper ebook y éxito de ventas: Como convertirse en un maestro de las emociones (solo disponible a través de nuestra tienda online).
Conflictos Interpersonales: por falta de habilidades sociales
Esto también es algo bastante común y es por timidez y falta de habilidades sociales. Cuando una persona es tímida o excesivamente tímida tiende a aislarse mucho del mundo y cortar muchas posibles relaciones, esta excesiva timidez y falta de habilidades sociales le crea muchos conflictos interpersonales.
Una persona tímida muchas veces pasa como borde o sosa y eso hace que la gente sea más reticente a abrirse ante ellos, si a esto le sumamos que a ellos les cuesta mucho relacionarse tienes un coctel explosivo que crea conflictos interpersonales, además de que las personas con escasa habilidad social suelen ser reticentes a mostrar sus emociones, no obstante su capacidad empática no está relacionada con la timidez así que en este punto se salvan.
Cultivar habilidades sociales es tal vez la tarea más difícil para alguien tímido pero hay que luchar para conseguirlas y solo se conseguirá si luchas contra ello. Muchas personas tímidas asisten a cursos teóricos, se leen montones de libros pero su vida no cambia un ápice y es porque la timidez no se supera desde el sofá sino saliendo al mundo real y a la calle.
Lo mejor es ir autosuperándonos, si decir hola te da miedo prueba a salir a la calle y mientras andas decir hola a 5 desconocidos, esto te servirá para expandir tu zona de timidez y hacerla más ancha, así progresivamente se pueden ir haciendo otros ejercicios que van volviéndote más social y menos tímido.
Y aunque la timidez no desaparezca lo importante es que uno desarrolle y aprenda habilidades sociales para poder utilizarlas en los momentos adecuados.
En este aspecto nosotros ofrecemos un curso de sociabilidad online con muchos ejercicios prácticos y un asesoramiento constante que te va a ayudar en tus objetivos.

COMO AYUDAR A LOS ADOLESCENTES CON CONFLICTOS:
La adolescencia suele ser ya una etapa difícil

El duelo en el adolescente, al igual que ocurre en los adultos, tendrá una intensidad mayor o menor dependiendo del grado de intimidad y vinculación con la persona fallecida, el tipo de relación que existía entre ambos y las circunstancias de la muerte.
También es verdad que los cambios y características propios de la edad hacen que éstos puedan reaccionar de manera diferente a los adultos. Si por ejemplo, son ya habitualmente tendentes a la rebeldía y la emotividad, pueden vivir la experiencia de la muerte de forma más impetuosa. Por otro lado, si la muerte es ya en si misma un tabú entre los adultos, suele ser mucho mayor en la adolescencia, donde además existe per se una negación de la muerte y un sentimiento fuerte de invulnerabilidad.

El adolescente tiene que hacer frente a la pérdida de un ser querido, al mismo tiempo que hace frente a todos los cambios, dificultades y conflictos propios de su edad. Aunque exteriormente parezca ya un adulto, el desarrollo del cuerpo no va siempre a la par con la madurez afectiva. Es por eso que puede necesitar mucho apoyo, comprensión y afecto para emprender el doloroso y difícil proceso de duelo.
Intentan o aparentan ser fuertes

Muchas veces el adolescente, aunque sufra intensas emociones, no las comparte con nadie. Posiblemente porque se siente de alguna manera, presionado a comportarse como si se las arreglara mejor de lo que realmente lo hace. Después del fallecimiento de su padre, su madre o de su hermano/a, se le puede pedir "ser fuerte" y "mantener el tipo" delante del otro padre o de los hermanos más pequeños. Se espera que sostenga a otros, cuando no sabe si será capaz de sobrevivir a su propio dolor.
Aunque no lo demuestren, es natural que el adolescente sienta mucha rabia, miedo, impotencia... y que se pregunte el por qué y para qué vivir. Los adolescentes perciben la muerte como algo que les hace "diferentes" y temen, que si expresan su dolor públicamente, pueda interpretarse como una señal de debilidad. Otras veces pueden reaccionar con una aparente indiferencia, que no es más que su manera de defenderse de los sentimientos abandono. Esta indiferencia no significa que no les importa y debemos evitar culpabilizarles por su actitud. Este tipo de conflictos puede tener como resultado que el adolescente termine por renunciar a vivir su propio duelo (duelo aplazado o congelado).
Puede faltarles ayuda

En el caso de fallecimiento del padre o de la madre, puede ocurrir que se preste más atención al padre que queda, que al adolescente. Este, en general, tenderá más al aislamiento que a compartir lo que siente, de ahí que podamos sacar la falsa impresión de que sufre menos.
Como hemos mencionado antes, es frecuente que se espere del adolescente que sea adulto y se haga cargo de cuidar y ayudar al resto de la familia, sobretodo al padre o madre sobreviviente o a los hermanos más pequeños.
La manera de reaccionar de los adultos puede tener también una gran influencia en las reacciones del adolescente frente a la muerte. Es frecuente que los adultos no quieran hablar por miedo a contagiarles su dolor, pero la realidad a veces muy simple: aunque  queramos protegerlos, los adolescentes están viviendo su duelo y les duele.
Podríamos esperar que buscaran y encontraran entonces alivio y ayuda en sus amigos, pero cuando se trata de la muerte, salvo que se haya vivido una situación similar, los amigos se sienten impotentes. Los amigos, compañeros normalmente no saben como ayudar, no saben que decir o que hacer, tienen miedo a mencionar el tema y hacerles sufrir más... Esto puede ser interpretado por el adolescente como falta de interés y favorecer más si cabe su aislamiento.
Puede haber conflictos de relación previos al fallecimiento

El esfuerzo del adolescente para ser cada vez más independiente de sus padres, suele acompañarse de conflictos y problemas en la relación. Atravesar por un periodo de desvalorización de su familia es una forma normal, aunque difícil, de ir separándose de ellos. Si su padre o su madre fallecen mientras está alejándose física y emocionalmente de ellos, puede experimentar un gran sentimiento de culpa.  Aunque la necesidad de separarse es perfectamente natural, esta experiencia puede hacer el proceso de duelo más complicado e interrumpirse su camino natural de emancipación.
Si la muerte ocurre en el seno de la familia, es aconsejable discutir abiertamente y cuanto antes con el adolescente los cambios en la forma de vida y en los roles de cada miembro. Con esto podemos evitar que el adolescente tienda a querer reemplazar al fallecido. Sería el caso, por ejemplo, de la hija mayor que adopta el papel de la madre fallecida y cuida de su padre y sus hermanos como lo hacía ésta.
Es necesario ocuparse del dolor de los adolescentes

En el caso de fallecimiento de uno de los padres, es posible que el que queda no esté en
condiciones, al menos durante un tiempo, de ocuparse del dolor de sus hijos. Es el momento en que el entorno del adolescente (abuelos, amigos, profesores, vecinos...) deberían tomar el relevo y jugar un papel que puede ser crucial. Hay que tener en cuenta también que la adolescencia es una etapa en la que, como hemos dicho, el joven  inicia, dentro de su proceso de maduración, la separación de su familia. Esto puede explicar, y hay que tenerlo en cuenta, porque puede rechazar la ayuda de personas de la familia más cercana.
Cómo hablar con ellos
Lo mejor es interesarse y preguntar abiertamente y con naturalidad: ¿Tienes mucha pena? o ¿Le echas mucho de menos? Es importante permitir y aceptar sus emociones, decirles que no hay nada malo en estar tristes y hablar de ello. Pero de nada servirán estos buenos consejos si nosotros mismos no somos capaces, a su vez, de manifestar delante de ellos nuestro propio dolor y tristeza: a mi también me da mucha pena y estoy pasándolo mal. Así les demostramos que les queremos, que nos preocupan y eso facilita que hablen, que expresen su dolor, que se desahoguen y en definitiva que se sientan acompañados.
Signos que indican que un adolescente necesita más ayuda
Como hemos visto, son varios los motivos que determinan que el duelo en el adolescente sea más difícil. Algunos adolescentes pueden mostrar un comportamiento inadecuado o preocupante que puede alarmar a su familia.
Vigilar los siguientes comportamientos:
- Negación del dolor y alardes de fuerza y madurez
- Síntomas de depresión, dificultades para dormir, impaciencia, baja autoestima.
- Fracaso escolar o indiferencia hacia las actividades extraescolares.
- Deterioro de las relaciones familiares o con los amigos.
- Mencionar el suicidio como posibilidad de reencuentro con la persona fallecida.
- Conductas de riesgo: abuso del alcohol y otras drogas, peleas, relaciones sexuales sin medidas preventivas…
Pero es importante establecer una distinción (aunque un tanto artificial) entre la pubertad y la adolescencia. La mayoría de nosotros pensamos en la pubertad como en la etapa en que se desarrollan las características sexuales adultas: los senos, el período menstrual, el vello púbico y la barba. Estos son, desde luego, los signos más visibles de la pubertad y de la adultez inminente, pero los chicos que presentan estos cambios físicos (aproximadamente entre los 8 y los 14 años), pueden estar experimentando un montón de cambios que no se pueden percibir desde afuera. Estos son los cambios de la adolescencia.
Muchos niños dan muestras de que ya han entrado en la adolescencia al hacer un cambio drástico en la forma de relacionarse con sus padres. Empiezan a separarse de "mamá y papá" y a ser más independientes. Al mismo tiempo, los chicos de esta edad cada vez dan mayor importancia al modo en que los ven los demás, especialmente los demás chicos de su edad, e intentan desesperadamente "encajar" en el grupo y ser aceptados. Sus amigos se vuelven mucho más importantes, en comparación con sus padres, a la hora de tomar decisiones.
Los chicos de esta edad a menudo empiezan a "probar" cómo se sienten en diferentes apariencias físicas, estilos e identidades, y adquieren mayor conciencia de en qué difieren de los demás chicos de su edad y esto puede generar momentos de tensión y conflicto con los padres.

2 comentarios:

  1. esto fue sacado de mas conciencia .-.

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  2. Son unos copiones.. si se meten en este link, van a leer lo mismo.!! http://revista-digital.verdadera-seduccion.com/conflictos-interpersonales/

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